Artículo de opinión. “En donde reside la de Gibraltar”.

Rafael-CardenasOpinión. Alberto Pérez de Vargas. Mientras la quinta columna del gobierno de Gibraltar obtenía del alcalde Ruiz Boix el plácet para que Fabian Picardo apareciera con su conocida cantinela en los cursos de verano de San Roque, fallecía en esa localidad, donde nació, el general Rafael de Cárdenas González, uno de los más brillantes militares de la postrera presencia española en el norte de África. No es cuestión de detenerse en la biografía de este ilustre sanroqueño. Sería imposible en este espacio mencionar ni siquiera una pequeña parte de su trayectoria de servicio a España, pero baste señalar que siendo capitán y “en consideración a las sobresalientes virtudes militares y profesionales…”, fue condecorado con la Medalla del Ejército, la más alta distinción en tiempo de paz. Lo hizo, en funciones de Jefe de Estado, el entonces príncipe Don Juan Carlos. 
Después de su estancia en la Legión, cuando ascendió a Teniente Coronel, Cárdenas pasó a formar parte de la Guardia Real que mandaría al ser ascendido a coronel. Al alcanzar el empleo de General de Brigada sería destinado a Ceuta como segundo jefe de la Comandancia General donde permaneció dos años hasta su retiro. Su muerte no ha merecido más que un escaso cumplido del ayuntamiento de su ciudad natal y mientras que su cuerpo era velado en el tanatorio de La Línea ninguna de las autoridades municipales tuvo tiempo de acercarse a acompañar a su familia. De hecho, poco ha trascendido entre sus paisanos sobre la desaparición de una figura tan importante y tan altamente estimada en el Ejército y en la sociedad española.

Resulta paradójico que la “Muy Noble y Más Leal Ciudad de San Roque, donde reside la de Gibraltar” parezca despreciar, por mor de la actitud de sus gobernantes municipales, la memoria de sí misma y se preste a recibir, cuando sus asesores españoles lo estiman conveniente, a Fabian Picardo; es decir, a la personificación de todo lo que se opone a lo que lamenta y reivindica. No hay más que observar a quienes lo celebran para valorar los beneficios de un proceder que sensu stricto se traduce en una evidente pérdida de la dignidad institucional.

La coincidencia de la visita sorpresa del chief, acompañado por algunos españoles de su séquito, con el fallecimiento de un gran español, el general Cárdenas, y el comportamiento de las autoridades municipales sanroqueñas ante esa coincidencia nos dan una medida significativa de lo que esas autoridades representan.

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