El ‘Brexit’ aterra a Gibraltar.

gibraltar-inglaterra-160813-gelmundo.es. La posible salida del Reino Unido de la Unión Europea aterroriza al Gobierno de Gibraltar. La colonia británica, cuya soberanía sigue reivindicando España, se ha convertido al abrigo de la UE en uno de los territorios de mayor nivel de renta per cápita del mundo, al que sus vecinos del Campo de Gibraltar conocen, en el argot andaluz, por «la tostada de doble manteca»; «untada» por el derecho a la libre circulación de personas y capitales, y por el revés de un régimen fiscal propio al que se acoge un número mayor de empresas que de ciudadanos, y en el que ni siquiera se aplica el IVA.

Al día siguiente de salir de la Unión, el Peñón no sólo perdería la mediación de la Comisión en sus relaciones aduaneras con España, sino que se le aplicarían todos los controles fronterizos a los que está sujeto un país tercero. El miedo al fantasma de la verja se ha convertido en un recurso de la campaña del Gobierno del Peñón por el síen el referéndum de junio. España, por más que se repita desde la Roca, no ha hecho explícita tal amenaza. Pero, comprometida con el triunfo de David Cameron, sí ha aprovechado para tentar a los llanitos con la cosoberanía hispanobritánica -que a punto estuvo de alcanzarse en tiempos de Aznar y Blair- como solución de futuro.

Claro que los habitantes de Gibraltar están muy lejos de morder ese anzuelo. Primero porque, en realidad, se sienten más confiados que su propio Gobierno en que no se producirá la temida catástrofe. Y, sobre todo, porque la conciencia identitaria, no ya británica sino gibraltareña, ha crecido de manera exponencial en los últimos años.

«Con la Unión Europea estamos más protegidos. Pienso que sí, que nos conviene más quedarnos». Natasha Passano es una gibraltareña, profesora recién jubilada, que pasea por Main Street al caer la tarde. Habla en perfecto castellano, con muy poco acento andaluz. Y lo hace con naturalidad. «Ahora estamos estupendamente bien económicamente. No pagamos IVA. Sólo que la situación en la frontera depende de cómo se levante Madrid cada día. Si nos portamos bien, no hay cola, si nos portamos mal, sí… Margallo ha dicho que cerraría la verja, pero no sé qué creerme. Pienso que no. De todos modos, de cosoberanía nada. Cuando se abrió la verja pudo haber sido, pero ahora no. Cuanto más palo nos dan, menos nos fiamos».

Annette Tumbridge aún lo tiene más claro: «Prefiero salir de la UE a tener doble soberanía. Bastante es ser colonia de uno. Además, a Inglaterra la tengo a 2.000 kilómetros, pero a España ¡la tengo aquí al lado!». Abuela de carácter, es propietaria de una farmacia en pleno centro. Reivindica 10 generaciones de familia «gibraltareña y europea» y asegura que sus nietos piensan como ella: «No tengo nada contra España, pero que me respeten. No puedo basar mi vida en leyes de hace 300 años»

Annette posa con su sobrina, Daniela Caruana, que tiene 25 años y trabaja en la farmacia. «Yo voy a votar para seguir en la Unión Europea», cuenta, «porque si nos salimos, igual tendremos que pasar a España como inmigrantes. Me preocupa, porque mi novio es de La Línea, y aunque trabaja aquí, vivimos en España porque los pisos son más baratos, y aquí aún estamos en lista de espera de los pisos subvencionados».

Hasta la Segunda Guerra Mundial, llanitos y españoles se mezclaban en una sociedad permeable que creció en la Roca al abrigo de la base militar británica. Una sociedad que fue duramente evacuada durante esa época bélica y que, ya a su regreso, comenzó a asumir su propia identidad colectiva, al tiempo que era objeto de una reculturización británica.

Empleados de La Línea

Hoy, Gibraltar emplea a 10.000 extranjeros, la mayoría españoles residentes en La Línea, tan interesados como los propios llanitos en la libertad de circulación, dado el paro existente en la zona. Sin embargo, la Administración española se queja de que son un recurso demasiado barato para el Gobierno de la Roca porque les paga menos sueldo y pensiones que a sus residentes y les excluye de sus servicios sociales -Gibraltar es uno de los pocos territorios del mundo en que la sanidad y la educación son gratuitas-.

Por el contrario, el éxodo por la Costa del Sol tiene a la Agencia Tributaria española muy ocupada en desentrañar las compraventas de casas, disfrazadas de transferencias de acciones en sociedades con despachos en Gibraltar que, además, sólo pagan el IBI correspondiente a las extranjeras. «Yo sí pago el IBI», dice Eva Cant mientras toma café con su hija y su marido inglés, en un bistró. Es profesora de Educación especial , tiene una propiedad «de vacaciones» para los fines de semana y lo tiene clarísimo en el referéndum: «Voy a votar sí. Tengo mucho miedo a que cierren la frontera. Lo dijeron Rajoy y Margalé [Margallo], y me preocupa que no podamos movernos».

El Gobierno del Peñón presume de colaborar con el de Madrid, pero éste se queja de que lo hace, bien con «obviedades» y nombres que sólo conducen a despachos de abogados gibraltareños, bien con rechazos de solicitudes por «defectos de forma». España considera a Gibraltar un paraíso fiscal; y a su centro financiero o a su cuantioso negocio de juego online, una competencia desleal. Además, calcula en 200 millones de euros al año sus ingresos por el contrabando de tabaco.

Sin embargo, y pese a la inexistencia de un verdadero diálogo político, las relaciones son «fluidas» en lo que se refiere a la seguridad y la lucha contra el narcotráfico. Así lo asegura a este diario el secretario de Estado de Seguridad, de visita en Algeciras: «La relación no es fácil, pero ahora es más fluida», dice Francisco Martínez Vázquez, «Hubo momentos de tensión hacia 2013», añade, «pero, aunque el contexto político es complejo, la relación entre los profesionales de la seguridad es de colaboración, tanto contra el narcotráfico como contra el contrabando».

Y así lo atestigua también, en pleno Main Street, Xavi Buhagiar, un bobby en chándal, de acento andaluz, hincha del Athletic y amigo de muchos guardias civiles: «Los que se pelean son los gobiernos, no la gente», dice. Asegura que cuando se topa con las patrulleras españolas, los unos y los otros tienen claro que están ahí cumpliendo órdenes, y suelen matar el tiempo hablando de fútbol. Eso sí, la pretendida jurisdicción de Gibraltar, que no se la toquen: «Ellos tienen instrucciones de entrar en nuestras aguas y nosotros la obligación de protegerlas». Xavi no está asustado por el Brexit -nombre con el que se conoce la hipotética salida británica de la UE-: «Yo no creo que vayan a poner la verja ni que vaya a cambiar nada si salimos de la UE». Votará a favor de seguir, porque tiene «mucha fe» en Picardo.

La dueña de una céntrica tienda de decoración también minimiza los riesgos del Brexit: «No nos interesa cambiar porque ahora estamos muy protegidos por la UE, y aunque no creo que volviera la verja, nos quedaríamos en el limbo. De todos modos, el desastre sería para los trabajadores de la Línea, no para nosotros».

Los hay que incluso están pensando en votar por la salida de la UE, como Francis Baglietto: «No estoy nada convencido del sí», dice este funcionario, que se siente «gibraltareño, aunque de nacionalidad británica» y con pocas ganas de hacerse español: «Nadie quiere cambiar. No creo que a ningún español le interese hacerse francés». Fuente: elmundo.es

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