Memoria Histórica: La invasión de Gibraltar y el Exilio Gibraltareños

 

 JUAN ESLAVA GALÁN

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Diego de Salinas por Ferrer-Dalmau
Yo, Alonso Carrión, maestro panadero avencindado en San Roque a sus excelencias los alcaldes de la villa respetuosamente expongo que queriendo hacer un horno de pan de ladrillo y obra en el que ejercer honradamente mi oficio y en virtud de los méritos que tengo contraídos en servicio de Su Majestad el Rey creo merecer la exención de tributos que pesan sobre dichas industrias, lo que solicito de su justicia y equidad.

El día en que España se quedó sin Gibraltar

Recreación de la toma de Gibraltar por la marina inglesa en un grabado de 1704.

Los señores alcaldes repararán en cuán injusto es que mi antiguo convecino Roque Mata, que es de los 70 gibraltareños que se quedaron en el Peñón (y además con mi horno de pan, de lo que según me dicen se congratula mucho el taimado) vive en la prosperidad y ha engordado y casado a tres hijas mientras que yo, que he arrostrado muchas calamidades por servir al Rey Nuestro Señor, malvivo en estos destierros por mi fidelidad a la Corona de España.

Pues sabrán los señores regidores que en 1700 cuando falleció Carlos II, por mal nombre El Hechizado, el último rey de la dinastía Austria, estuve tres días sin cocer empanadas en mi horno en señal de duelo mientras que Roque Mata, mucho menos patriota, se hinchaba a ganar con sus parroquianos y con los míos. Aquella, como recordarán sus mercedes, fue ocasión de mucho duelo pues, al quedar el trono vacante, muerto el rey sin descendencia, los reyes de Europa se abatieron como buitres sobre España y su imperio, en una rebatiña más propia de herejes o moros que de monarcas Cristianos. En Gibraltar atracaban algunos navíos y la taberna del Cojo, en el puerto, era buena estafeta para las noticias. Allí supimos que el trono de España lo pretendían a la vez un francés y un austriaco y que el que lo alcanzara se convertiría en el más poderoso del mundo.

Allí fue, también, donde oí por vez primera el nombre de don Felipe V, nuestro Rey y Señor. Me dijeron que era un nieto de Luis XIV, el rey Sol de Francia, de la dinastía de los Borbones. También supe que pretendían el trono los austriacos y que apoyaban al archiduque Carlos, primo del rey difunto. En Gibraltar, por su condición de puerto de mar y de presidio de la Corona, estábamos informados. Los austriacos alegaban que eran la familia del difunto y el derecho de herencia asistía a su dinastía. Los franceses, con más razón, argumentaban que el trono era de Felipe, no porque fuera nieto del rey Sol, sino en su condición de biznieto del rey Felipe IV de España y su heredero directo. En Gibraltar casi todos estuvimos por don Felipe, como luego se vería, y yo el primero, pero, a lo que se me alcanza, el mal vino de que la nobleza española se dividió en dos bandos, los que aceptaban sobornos del rey de Francia y los que los aceptaban de Austria. Al final prevaleció el francés, de lo que nos holgamos mucho sus fieles súbditos, pero mientras el gran Felipe se hacía cargo de España, los de Austria y sus aliados movieron cruda guerra, de la que tantos males me han sobrevenido en mi humilde condición de panadero de La Roca. Un día recaló por mi casa un sastre que iba para Barcelona y me puso al tanto de por dónde iban los tiros. Inglaterra, Holanda, Austria. Prusia, Hannover y el Imperio estaban en guerra contra los Borbones de Francia y España.

En Gibraltar éramos un pueblo grande, de 1.200 casas y unos cuatro mil y pico habitantes, y un castillo con ciertas fuerzas. Muchos vivían de la pesca, otros del comercio, los menos de la industria. Éramos cuatro panaderos, yo el mejor, modestia aparte, y pongo por testigo a mis molletes que nadie los hace como yo, con su apariencia tan deleitosa de sexo femenino, esponjosos y blandos.

Llegó la primavera de 1704 y a muchos no nos llegaba la camisa al cuerpo. Se rumoreaba que los holandeses querían tomar Gibraltar como puerto de aprovisionamiento para la flota que enviaban contra la base naval francesa de Toulón. Gracias a Dios les falló la traza, porque no contaron con tropas de apoyo terrestre, pero entonces se vinieron al Estrecho en busca de refuerzos.

El archiduque quería atacar Cádiz, pero tampoco era aconsejable sin apoyo terrestre. En su lugar los almirantes decidieron atacar Gibraltar. El plan era desembarcar en el istmo e incomunicar el Peñón por tierra para impedir que recibiéramos refuerzos mientras ellos bombardeaban el castillo y la ciudad desde sus naves.

No se me olvidará ese día. El 21 de julio de 1704 aparecieron muchas velas por el horizonte: una escuadra de 10 navíos ingleses y otros 10 holandeses. A las tres de la tarde, en plena siesta, sin respetar el descanso de las gentes, desembarcaron 1.800 hombres en el istmo. El jefe de las tropas, el príncipe de Hesse, envió una carta al gobernador Salinas para que se rindiera en la que amenazaba con “pasar la plaza a sangre y fuego”. Un pregonero de los herejes voceó una carta del archiduque Carlos en la que decía que “nos amaba como hijos legítimos”, y nos pedía rendición.

El ayuntamiento dijo nones, que era fiel a Felipe y las cosas quedaron así unos días porque el viento de Levante impedía las maniobras de la flota. Luego amainó y el 1 de agosto comenzaron los tiros: dos naves holandesas cañonearon y los cañones del castillo les respondieron. El 3 de agosto los barcos nos saludaron con cinco o seis horas de cañoneo, quizá 15.000 descargas. Nosotros teníamos 120 cañones, unos de hierro y otros de bronce, y pólvora y balas de sobra, pero sólo había seis artilleros y la guarnición era poca, menos de 100 soldados en total y 300 voluntarios, entre ellos yo. Poca cosa para los más de 3.000 hombres que desembarcaron en el istmo.

En esto llegó la flota del almirante Rooke con cuatro docenas de naves para matar toda nuestra esperanza. Primero inutilizaron los cañones que defendían el muelle viejo, luego una flotilla de barcas acercó hombres y escalaron la muralla hasta la torre del Tuerto. Entonces explotó el polvorín del fuerte y mató a muchos hombres y destruyó algunos barcos, pero los otros siguieron el cañoneo hasta lanzar más de 15.000 tiros.

La mayor desgracia, que ya descorazonó a los defensores de la ciudad, fue que los herejes tomaron la capilla de la Virgen de Europa donde habíamos encerrado a las mujeres y los niños por salvarlos del cañoneo, junto con muchos objetos valiosos. El 3 de agosto Hesse solicitó nuevamente la rendición y Salinas, tras consultar al ayuntamiento, rindió Gibraltar después de tres días de crudo asedio. Los atacantes tuvieron sesenta muertos y doscientos y pico heridos.

Cuando ocuparon La Roca, los oficiales intentaron evitar que la chusma cometiera tropelías, pero algunas se dieron. Hubo profanaciones de objetos de culto y violaciones de mujeres, lo que acarreó que algunos invasores fueron apiolados en secreto y sus cadáveres arrojados a las letrinas.

Con todo esto, el 7 de agosto hicimos las maletas y marchamos de nuestra ciudad como la uña se separa de la carne, muchos llorando, otros con semblantes de pesar como no se conocían. Yo vi al regidor Varela coger una teja del camino y escribir en ella, con un carboncillo, “Aquí lloré a Gibraltar.

Agosto de 1704” Sólo se quedaron 70 habitantes de los cuatro mil y pico que el pueblo tenía. Cada cual se fue a donde pudo. Muchos nos repartimos por el campo de Gibraltar, sobre todo los pescadores que se acogieron a Algeciras, que estaba medio en ruinas. Otros se dirigieron a Medina Sidonia, a Ronda, a Málaga. El regidor Varela trasladó los archivos y las banderas a una casa de campo que tenía más allá del istmo y se continuó reuniendo el ayuntamiento hasta que en 1706 el rey dio permiso para que los refugiados se establecieran junto a la ermita de San Roque, en tiendas de campaña y chozas muy míseras.

De los 70 que se quedaron no quiero hablar porque muchos eran gente de respeto, el párroco Juan Romero y sus vicarios, el campanero, el ermitaño, el médico. También se quedó el panadero Roque Mata que dejó su horno y se mudó al mío, el muy ladrón, en el que, hasta la presente, cuece los panes y las empanadas de los ingleses. Desde entonces he vivido misereando con un horno pobre de barro y yeso que da pena verlo. Entrando el otoño llegaron 4.000 hombres de a caballo y de a pie con las banderas del Rey Felipe nuestro señor, dispuestos a recuperar La Roca, pero como traían un panadero por regimiento, más bien me hicieron la competencia y el negocio se me resintió, pero yo me reconforté pensando que los herejes que defendían La Roca sólo tenían víveres para cuatro meses y pronto estaría en mi casa de nuevo. Comenzaron los bombardeos desde el mar y desde tierra, más ruido que nueces. No eran buenos soldados ni estaban bien mandados, se producían muchas deserciones: un desastre. Ese tiempo me gané la vida haciendo pan blanco para los oficiales y, modestia aparte, gané alguna fama de saber mi oficio. En fin, el ataque duró unos meses, con intermitencias, y al final se quedó en nada.

Al principio creíamos que volveríamos pronto, que era sólo cosa de la guerra, luego fuimos perdiendo la esperanza, yo el primero. Un día en la taberna del Cojo (que la había trasladado a San Roque, con barriles nuevos) oí a un marino que sabía del asunto. Los ingleses consideraban Gibraltar botín de guerra, se habían aficionado a él e iban a quedárselo. El Peñón, desde el tiempo de los moros, había sido una golosina pues es la única fortaleza natural que domina el Estrecho por donde tienen que pasar los navíos de las potencias. Por lo visto los ingleses hacía mucho que venían codiciando el Peñón como base para proteger el comercio inglés de los piratas argelinos y para vigilar desde él el comercio español de Cádiz con las Indias. “El que domina el Peñón, domina el Estrecho; el que domina el Estrecho domina el Mediterráneo y el que domina el Mediterráneo, domina el mundo”, eso decía. Y un escribiente del embajador inglés en Lisboa dijo en el mesón de la Tomasa que su amo tenía vara alta en Londres y había escrito un manifiesto al rey pidiéndole que no perdieran Gibraltar porque el comercio inglés necesitaba la plaza.
Por ahí fueron los tiros. En 1710 los ingleses se desentendieron de la causa del archiduque, pero retuvieron el Peñón. Al año siguiente, Luis XIV de Francia pactó la paz con ellos y fue tan generoso con la tierra de su nieto que les entregó Gibraltar como garantía de su comercio por el Mediterráneo. Felipe V, nuestro señor, protestó, pero al final se conformó con que su abuelo regalara tierra española y firmó el acuerdo en Utrecht, Holanda, en 1713, después de arduas conversaciones en las que no contaron para nada con España, eso se dice. Y menos mal que no salimos peor parados, porque los ingleses pretendían una porción de tierra alrededor de Gibraltar de cuatro kilómetros, lo que alcanzan dos disparos de cañón con la mira alta. Eso lo supe por un criado del marqués de Monleón, que fue de los que firmó las paces.
Por el tratado, Gran Bretaña reconocía a Felipe V como rey de España, la cual le cedía “a la corona de Gran Bretaña la plena y entera propiedad de la ciudad y castillo de Gibraltar juntamente con su puerto, defensas y fortalezas que le pertenecen, dando la dicha propiedad absolutamente para que la goce y tenga con entero derecho y para siempre”. En cuanto a los derechos de España, se prohibía que hubiera en Gibraltar moros ni judíos y “si a la corona de la Gran Bretaña le pareciere conveniente dar, vender o enajenar de cualquier modo la propiedad de la dicha ciudad de Gibraltar, se ha convenido y concordado por este tratado que siempre se dará a la Corona de España la primera acción antes que a otros para redimirla”. A los ingleses les daba la posesión y el uso del territorio, pero no la jurisdicción o el dominio absoluto, como si fueran tierras de señorío que los ingleses podían usufructuar sine die y a España le quedaba el derecho de recuperarlo algún día

Algún día. Eso es fácil cuando se trata de estados poderosos, aunque España, me barrunto, que va camino de dejar de serlo. Por lo pronto, yo he perdido mi panadería. Ya se han ido haciendo casas en San Roque y hay menos chozas y las criaturas vivimos con más decencia. Por eso solicito del ayuntamiento el permiso para edificar un horno de ladrillo bueno como el que tengo, o tenía, en Gibraltar, el que hizo mi abuelo para que, ya que nos comemos el pan con nuestras lágrimas, por el Peñón perdido, por lo menos que el pan sea bueno.

Juan Eslava Galán es historiador y escritor. Su último libro,

“Un jardín entre olivos” (Ed. RBA), sale a la venta esta semana

La colonia en 62 datos

JAVIER CABALLERO
Orogenia y etimología 1. El istmo y el peñón de Gibraltar se formaron hace 200 millones de años tras una erupción volcánica. 2. Su nombre significa montaña de Tarik, general musulmán que fundó una fortaleza en el Peñón en el año 725. Geografía y física 3. Está bañado por la bahía de Algeciras y el mar de Alborán y linda con el pueblo gaditano de La Línea de la Concepción.
4. El actual territorio de la colonia británica ocupa 6,5 km2.
5. El Peñón es una roca caliza de 426 metros de alto. 6. La media de temperatura anual es de 17,5 grados. 7. La línea de costa es de 12 kilómetros. Historia 8. Estuvo en manos musulmanas hasta 1309, cuando fue tomado por el rey castellano Fernando VI. 9. Fue incorporado a la corona de Castilla por los Reyes Católicos en 1502. 10. El almirante inglés Rooke conquistó Gibraltar en el marco de la Guerra de Sucesión española, en 1704. 11. El Tratado de Utrecht de 1713 ratificó la soberanía británica. 12. Tiene estatus de colonia desde 1830 y dos referendos, 1967 y 2002, confirmaron la adhesión de los gibraltareños al Reino Unido y la negativa a una soberanía compartida. 13. La frontera con España, la célebre verja, estuvo cerrada desde 1969 hasta 1985. Gobierno y justicia 14. El jefe de Estado es la reina Isabel II de Inglaterra. 15. Francis Richard ejerce de Gobernador y el demócrata Peter Caruana ocupa los cargos de ministro principal y jefe de Gobierno. 16. Existen tres formaciones políticas con representación en una Asamblea de 17 escaños. 17. Cuenta con Constitución propia desde 1969. 18. El 10 de septiembre celebra su Día Nacional para conmemorar el referéndum que confirmó la adhesión a la corona británica. 19. Desde 1981, los gibraltareños son súbditos británicos a todos los efectos. 20. El objetivo último es segregarse en un proceso de autodeterminación. Geografía política 21. Cuenta con 27.776 habitantes, unos 20.000 nacidos en Gibraltar. 22. La esperanza de vida es de 76 años en los hombres y 82 en las mujeres. 23. Su índice de natalidad es alto: 1,65 niños. 24. El 77% de los gibraltareños es católico, el 7% anglicano, otro 7% es de religión islámica y un 2,5% profesa el judaísmo. 25. Hay ocho iglesias y cuatro sinagogas. 26. El apodo de llanitos viene de geovanitos o juanitos, gentilicio de los comerciantes genoveses que se establecieron allí hace 300 años. 27. El idioma oficial es el inglés. 28. La bandera tiene dos franjas horizontales; una roja y otra blanca, con un castillo de tres almenas enlazado con una llave de oro. Economía y comunicaciones 29. La renta per cápita asciende a 17.500 dólares. 30. La tasa de desempleo es del 2%. 31. Libra gibraltareña (equivalente a la esterlina) y euro son las monedas utilizadas. 32. Sus principales ingresos vienen del turismo, las finanzas y la reparación de barcos. 33. Tiene categoría de “puerto Z”, para reparar submarinos como el “Tireless”, que estuvo dos meses a la espera de arreglar su reactor nuclear, aunque permaneció casi un año atracado. 34. Todavía hay dudas de si el “Prestige” superó los controles a los que están obligados los barcos que recalan en Gibraltar (allí estuvo antes de naufragar frente a Galicia).
35. El último año ha sido visitado por seis millones de personas. 36. Tiene el régimen de paraíso fiscal. 37. Los ingresos en 2002 ascendieron a 160 millones de libras; los gastos, a 110 millones. 38. Exporta petróleo e importa carburantes refinados. 39. La marina mercante gibraltareña la forman 114 buques. 40. No hay agricultura.
41. Funcionan 19.000 líneas de teléfono. 42. Cuenta con seis emisoras de radio y un dos canales de televisión. 43. Unos 3.000 españoles cruzan la frontera a diario para trabajar allí. 44. Tiene 48 kilómetros de carretera. 45. La pista del aeropuerto mide 2.437 metros y se debe parar el tráfico en cada despegue y aterrizaje. 46. Tiene vuelos diarios con Londres y Tánger. 47. Hay una línea de autobuses urbanos. 48. En 2015 una línea de ferrocarril subterránea unirá ambos continentes. 49. Un teléferico sube hasta la cima del Peñón. 50. 280 euros cuesta la habitación en el hotel más lujoso, el Rock Hotel. Educación y sanidad
51. Existen 14 escuelas primarias y cuatro secundarias. 52. En 2002 se matricularon 5.500 alumnos. 53. Hay una cama de hospital por cada 163 habitantes. 54. Cuenta con dos hospitales, un ambulatorio y 11 farmacias. Fuerzas armadas y seguridad 55. Las Fuerzas Armadas de Su Majestad tienen una guarnición permanente. 56. La OTAN desmantelará este año su estación de satélites.
57. El Castillo Moro, de 1333, sirve de prisión. Afinales de 2002 había 12 reclusos. 58. La Policía gibraltareña la componen 200 “bobbies”. Gastronomía 59. Los platos típicos son la calentita y la panissa, traídos por los genoveses. 60. Sus “pubs” son los más antiguos de la Península. Naturaleza y fauna 61. El agua se extrae de pozos y se destila del mar. 62. Unos 300 monos africanos se han convertido en símbolo de la colonia.

JUAN ESLAVA GALÁN . EL HISTORIADOR SE METE EN LA PIEL DE UNO DE LOS TESTIGOS DEL CONFLICTO (FUENTE EL MUNDO)

 

 

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