Sobre la herejía

Entendemos por herejía una doctrina que se opone inmediata, directa y contradictoriamente a la verdad revelada por Dios y propuesta auténticamente como tal por la Iglesia. La palabra “herejía” proviene de la lengua griega y encierra el concepto de error, desviación o enseñanzas de doctrinas que van contra un programa de fe, ya estructurado, o bien sometido a examen y finalmente aprobado con una definición de base inmutable. Desde el tiempo de los apóstoles abundaron las herejías: unas negaban la divinidad de Jesucristo, otras su humanidad y otras amalgamaban la doctrina cristiana con otras religiones, etc. [1]

Se piensa que la herejía carece de interés contemporáneo. El interés en la herejía está muerto porque la herejía tiene que ver con cuestiones que ya nadie toma en serio. Se comprende que una persona puede interesarse en una herejía por curiosidad arqueológica, pero difícilmente resulte comprendido si llega a afirmar que la herejía ha tenido un gran efecto sobre la Historia y sigue siendo, hoy mismo, un impulso contemporáneo viviente.[2]
La herejía es la dislocación de una estructura completa y autosostenida mediante la introducción de la negación de una de sus partes esenciales.[3]
La negación completa de un esquema no es herejía y no posee el poder creativo de una herejía. Pertenece a la esencia de la herejía el dejar incólume gran parte de la estructura a la cual ataca.[4]
Debido a que la herejía afecta al individuo, afecta también a toda la sociedad, y cuando uno examina cierta sociedad formada por una religión en particular, necesariamente debe ocuparse extensamente de la distorsión o menoscabo de dicha religión. Ése es el interés histórico de la herejía.[5]
Apenas terminadas las persecuciones a principios del siglo IV, la Iglesia, como institución, gozó oficialmente de plena libertad y fue, entonces, cuando aparecieron las llamadas grandes herejías; las llamaron grandes por la extensión que cubrieron a lo largo y ancho del imperio romano, que paulatinamente iba cristianizándose, y también por el número de sus seguidores que se enrolaban en sus filas, sin excluir sacerdotes y obispos.[6]
Se puede hablar en general del siglo IV como del siglo de la gran crisis arriana.[7]
En el siglo IV, el arrianismo se convirtió en la religión de los pueblos que estaban fuera de las fronteras del Imperio romano. Los cristianos de Nachran (en la península arábiga) enviaron una delegación para discutir con los primeros musulmanes la conclusión de un pacto y el Corán (C 3:61) menciona la ordalía que Mahoma les habría propuesto y que los cristianos rechazaron.[8]
Por esa relación, como es sabido, el Corán tiene algunas cosas de los cristianos; pero se trata de los cristianos arrianos, como es el unitarismo divino; el Corán lo dice así: “Vuestro Dios es un Dios Uno. No hay más dios que Él, el Compasivo, el Misericordioso.”[9]
Desde los primeros tiempos existieron herejías:
Herejías docetas. Aparecieron en el siglo I en oriente afirmando que Jesús tenía sólo un cuerpo aparente.
Ebionitas. A fines del siglo primero ya hubo algunos herejes judaizantes, Cerinto y los ebionistas (del hebreo pobres, también llamados “nazarenos” a causa de su ideal de vida pobre), que tomando como base un rígido monoteísmo unipersonal, negaron la divinidad de Cristo. Utilizaban un evangelio especial, llamado “evangelio de los hebreos”, sobre cuya identidad precisa discuten en la actualidad los estudiosos.
Mandeos gnósticos o sabios, que, si bien no ha reclutado muchos seguidores, sin embargo, sobrevive actualmente en la Mesopotamia meridional. Su característica principal es el dualismo: la realidad deriva de dos principios, que se encuentran en el origen de todas las cosas, el dios masculino y el dios femenino.
Gnósticos. Esta teoría fue una grave amenaza para la Iglesia, se impuso especialmente entre los siglos I y III, su período de máximo esplendor es en el siglo II.
Gnosticismo del griego gnosis, o sea, conocimiento, se debe a que los miembros de este movimiento afirmaban la existencia de un tipo de conocimiento especial, superior al de los creyentes ordinarios y, en cierto sentido, superior a la misma fe. Este conocimiento podía conducir a la salvación por sí solo.
Monoarquismo A fines del siglo II, la herejía, conocida con el nombre de monoarquismo, enseñó que en Dios no hay más que una persona. Según la explicación concreta que de acerca de Jesucristo, se divide en dos tendencias:
a) Monarquianismo dinamístico o adopcionista. Enseña que Cristo es puro hombre, aunque nacido sobrenaturalmente de la Virgen María por obra del Espíritu Santo; en el bautismo le dotó Dios de particular poder divino y le adoptó como hijo.
El Adopcionismo consideraba a Cristo como un Mesías, en definitiva un ser mortal, el cual había sido elegido por Dios para realizar sus designios y que por ello podía llamársele Hijo de Dios.[10]
Los principales propugnadores de esta herejía fueron Teódoto el Curtidor, de Bizancio, que la transplantó a Roma hacia el año 190 y fue excomulgado por el Papa Víctor I (189-198); Pablo de Samosata, obispo de Antioquía, a quien un Sínodo de Antioquía destituyó como hereje el año 268, y el obispo Fotino de Sirmio, depuesto el año 351 por el sínodo de Sirmio.
b) Monarquianismo modalístico (llamado también patripasianismo). Esta doctrina mantiene la verdadera divinidad de Cristo, pero enseña al mismo tiempo la unipersonalidad de Dios explicando que fue el Padre quien se hizo hombre en Jesucristo y sufrió por nosotros.
Los principales propugnadores de esta herejía fueron Noeto de Esmirna, contra el cual escribió Hipólito; Praxeas, de Asia Menor, combatido por Tertuliano; Sabelio aplicó también esta doctrina errónea al Espíritu Santo enseñando que en Dios hay una sola hipóstasis y tres <prósopa> (máscara de teatro, papel de una función), conforme a los tres modos distintos con que se ha manifestado la divinidad.

Maniqueos Manes y sus seguidores profesan el dualismo persa: Todo procede de dos principios contrarios: el de la luz (Ormuz) y el de las tinieblas (Ahrimán). Ellos también defienden en el siglo II la separación del bien representado por Dios y el mal que viene del pecado.
En el dualismo existen dos principios en lucha: bien y mal, espíritu y materia, alma y cuerpo. Según Manes que nació en Persia hacia el año 217, estos principios son irreductibles.
Cátaros Es un rebrote del maniqueísmo, se interesaban por la austeridad, pureza y pobreza. Menospreciaban a la jerarquía eclesiástica, tenían fuertes penitencias para sobreponerse al mal; a estos también se les llama albigenses, son dualistas.
Montanismo A mediados del siglo II Montano opinaba que el cristianismo se estaba convirtiendo en algo fácil y mundano y que era necesario volver al cristianismo primitivo. Esta idea alcanzó gran prestigio en Frigia y Asia Menor. Montano condenó acciones como las segundas nupcias, el huir de la persecución, el servicio militar en el ejército imperial, el asistir a los juegos del anfiteatro. Era un rigorista quien además pedía fuertes ayunos. También predijo el retorno inminente del Mesías. Esta línea de austeridad y predicciones.
Arrianismo Tomó su nombre de Arrio, nacido en la segunda mitad del siglo III, en Libia. Arrio aparece en la historia de Alejandría, donde el Obispo Pedro, que poco tiempo después le excomulga, lo ordena diácono en el año 308.
Semiarrianos Ocupan un lugar intermedio entre los arrianos rígidos (anomeos) y los defensores del Concilio de Nicea (homousianos). Enseñan que el Logos es semejante al Padre o en todo semejante a El, o semejante a la esencia, de ahí que se les denominase homousianos.[11]
Si el arrianismo consiste en la negación de la consustancialidad de las Tres Personas divinas, se puede designar a los semiarrianos como a aquellos que ofrecen algunas dudas acerca de esta verdad del dogma católico, diciendo que el Hijo no es consustancial sino solamente semejante al Padre o expresiones parecidas.[12]
Macedonianismo La secta de los pneumatómacos (enemigos del Espíritu Santo), nacida del semiarrianismo y cuya fundación se atribuye, desde fines del siglo IV al obispo semiarriano Macedonio de Constantinopla.[13]
Nestorianismo La herejía de Nestorio, 428, patriarca de Constantinopla, hacia el 451 en el destierro.
a) El hijo de la Virgen María es distinto del Hijo de Dios. Análogamente a como hay dos naturalezas en Cristo, es menester admitir también que existen en El dos sujetos o personas distintas.
b) Estas dos personas están vinculadas entre sí por una simple unidad accidental o moral. El hombre Cristo no es Dios, sino portador de Dios. Por la encarnación no se ha hecho hombre propiamente el Logos-Dios, sino que ha pasado a morar en el hombre Jesucristo, de manera parecida a como Dios habita en los justos.
c) Las propiedades humanas (nacimiento, pasión, muerte) tan sólo se pueden predicar del hombre Cristo; las propiedades divinas (creación, omnipotencia, eternidad) únicamente se pueden enunciar del Logos-Dios, se niega por tanto, la comunicación de idiomas.[14]
d) En consecuencia, no es posible dar a María el título de “Madre de Dios” que se le venía concediendo habitualmente desde Orígenes. Ella no es más que “Madre del Hombre” o “Madre de Cristo”.
e) La idea fundamental de la dualidad de sujetos en Cristo aparece también en la doctrina confirmacionista, propia de los antioquenos, según la cual el nombre Cristo habría merecido ser honrado y acatado como Dios por su obediencia en someterse a los dolores de la pasión.[15]
Monofisismo Profesó el error opuesto, a saber, que en Cristo no había sino una sola naturaleza, porque la naturaleza humana había sido absorbida por la divina, como el océano absorbe una gota de agua. Esta herejía divulgada por Eutiques fue condenada por el Concilio de Calcedonia 451.
Valdenses Secta herética fundada por Valdo en Lyón en el último cuarto del siglo XII, probablemente en 1176. Su fundador quiso predicar, pero su incapacidad motivó la prohibición de Roma. Valdo hace caso omiso de este veto y la Santa Sede lo excomulga. Entonces, el y sus discípulos caen en la herejía. Negaban los sacramentos, excepto el de la Eucaristía, y rechazaban la autoridad de la Iglesia. Querían reproducir el sistema de vida Apostólico y acusaban de corrupción a la Iglesia.[16]
Otras herejías se han ido sucediendo hasta nuestros días, (Islam, Valdenses, Cátaros, Albigenses, Testigos de Jehová…) Pero quedan fuera de lo que aquí nos ocupa ahora. Por otra parte, con el predominio del cristianismo se acabó con las otras manifestaciones religiosas existentes en el Imperio, de carácter politeísta, y con otra que fue ganando en influencia y que gozó de cierta importancia durante el siglo tercero: el mitraísmo.
Esta religión adoptaba como propios aspectos de otras religiones; así, Mitra acabaría naciendo de una virgen y acabaría viniendo en el final de los tiempos. Los templos, generalmente subterráneos, guardaban una estructura similar a los templos cristianos y se suministraban sacramentos. Bastantes aspectos del cristianismo fueron adoptados por la religión mitraica, pero ésta no fue considerada por el cristianismo, que en el convulso siglo IV, el Concilio de Nicea de 325 no trató del asunto sino del Arrianismo, al parecer principal causante del declive del culto a Mitra mediante la predicación llevada a cabo por el obispo Ulfilas.
Esta religión se difundió especialmente entre el ejército y entre algunos emperadores como Nerón, Cómodo, Diocleciano, Aureliano, … Adoraban al dios Sol y celebraban su fiesta la misma fecha que el dios Baco, coincidiendo con las Saturnales…el día 25 de Diciembre. Fue declarada ilegal en el año 391 por el emperador Teodosio. Tiene grandes afinidades con el maniqueísmo y posiblemente sea origen de la herejía cátara. También guarda similitudes con los ritos masónicos.
[1] Las herejías
[2] Las grandes herejías
[3] Las grandes herejías
[4] Las grandes herejías
[5] Las grandes herejías
[6] Las herejías
[7] Yanguas, José Mª. Arrianismo cristológico y pneumatológico en el siglo IV: la respuesta de S. Basilio de Cesarea.
[8] Arrianismo Moderno
[9] Arrianismo Moderno
[10] Arrianismo, La cuestión arriana
[11] Las herejías.
[12] Semiarrianismo.
[13] Las herejías.
[14] Las herejías.
[15] Las herejías.
[16] Las herejías.
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